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La Fiesta de la Diferencia

6 de junio de 2009

"Siempre fuiste mi espejo, quiere decir que para verme tenía que mirarte" [Cortázar]

Parece que no renunciamos a la idea de que hay tantos mundos como personas, tantos dioses como genitales y tantas realidades como ojos. Cada quien con su mundo y cada quien con su dios… Lo sorprendente, digo, es que realmente nos creemos el cuento de que compartimos el significado de las cosas y que, con cohabitar una misma cultura, ciudad o familia, o con hablar el mismo idioma, somos capaces de leer y comprender al otro. Pero el significado de las palabras dichas y de las que no-se-dicen, el modo en que las articulamos, los códigos del alma, la mente y el espíritu… no se transmiten, ni mucho menos, se reciben, como originalmente se quiere.

Se alude aquí a las fibras básicas, que se tienen por evidentes, en el pensamiento colectivo, y a los principios sociales, que mal se tienen, por pre-aprehendidos; es esa supuesta normalidad y naturalidad la que nos jode en colectivo, porque se nos olvida, que estamos hechos de olvido. De ahí que en las calles, periódicos, y en el show de la cotidianidad se aspecte tanta intolerancia e incapacidad de escucha; más aún, en una sociedad como la colombiana, que dibuja un golpeado recorrido histórico lleno de rígidos contrastes, duotonalidades y contrarios: acaso el que no es como yo, no piensa como yo, no siente como yo (99.999 %) ¿es mi enemigo?, y por eso ¿le temo?, ¿lo evito?, ¿lo anulo?, ¿lo mato? Con la humilde intensión de consignarlo, voy a recordarme que se puede estar frente a la misma obra de arte y tener diferente percepción; la misma canción que, dependiendo del oído se traduce en lágrimas, tranquilidad, éxtasis, alegría, o indiferencia… Compartimos una misma situación, pero vivimos y sentimos cosas tan diferentes al respecto…

La 'Diferencia' es una fiesta: es la promesa que se nos hace de afrontar situaciones inevitables, en las que se conmemora el acto involuntario de enfrentar horizontes de sentido diferentes al propio; es la necesidad que define la presencia del Otro en la vida individual, como un llamado a persuadir y a negociar sus significados de mundo, en los que cohabito (y visceversa); es el reto que le queda a la especie de construir sociedades, pensándose a través de los demás (complementariedad), más, en un contexto homogenizante como el actual, la diversidad aporta el color, el estallido de sabor y dinamismo: la pluriculturalidad y la satisfacción de sabernos ‘diferentes’. En la diferencia se encuentra la convergencia, y se genera la necesidad de comulgar en torno a objetivos comunes. Por tanto, la diferencia es la cuna de la comunicación, de la palabra, del diálogo y de la retórica, y nos ubica frente a largos laberintos de sentido, en los que por única arma nos tenemos a nosotros mismos. Y nadie tendrá suficiente razón para dar respuestas; no se hable pues de un dios mejor que otro, o de creencias, hábitos y culturas, mejores que otras. Para estos ámbitos no cabe la comparación, porque difícilmente se tendrá comprensión de las partes: los universos de sentido seguirán ahí, esperando a ser desentrañados, y no se tratará de quién tiene más razón que quién, ya que no hay identidades más válidas que otras; habrán sí, estereotipos legitimados, y modelos pre-aprehendidos e impuestos por la sociedad hegemónica en curso, pero nunca verdades reveladoras, ni tampoco mentiras absolutas. Todo será una cuestión de interpretación… de óptica, de plataforma; todo se relativizará según los lentes en los que me soporte para ver el mundo. Que embrollo es éste, el de la interpretación. En la porción que me fue dada, y que me queda, mis lentes son los tuyos, y acudo a ti esperando un atisbo, porque finalmente, eres el espejo en el que me veo y en el que mis palabras cobran sentido cuando las lees. (Puntos suspensivos)

Ella siente en contra el Tiempo

24 de agosto de 2008

(...y él piensa que tiene un resto en su cuerpo)

Rebosando el pensamiento y la acción, está ella con el tiempo en la nuca; con la premura en la boca y la prisa del conejo, saltando de isla en isla mientras construye las realidades de lo posible. Y yo como buen mono cojo, obnubilado por las ramas, salto cuando puedo y me dejo asombrar con una que otra verdad reveladora y absoluta, suavemente, despacito, con las frígidas manecillas por delante.

Hoy, en mar abierto y sin faro, no me encuentro perdido porque se acentúa la meta de volver a tierra firme al costo que sea. Si no olvido cómo se llega y no perezco ante los desafíos del profundo océano, habré merecido estar allí; después de todo en este caso el verbo ‘irse’, más que un escape, es una acción que connota un sometimiento y un castigo, al no poder acceder al suelo en el que se sabe, se funciona bien. Tan fuerte o tan débil, dependiendo del día que aclara, la que asumo es una batalla sin ejército, una pelea con el mundo, la vida y conmigo mismo. Ella debe saber que sin su soporte soy una serpiente dando tumbos, enroscándose y desenroscándose para no dejarse morir; que su ausencia es y será una ausencia mía también, porque no me tengo desde su luz y sus ojos; que cada día que pasa el cielo se destiñe otro tanto, augurando un saturado baño de individualidad, y que en este desierto son reducidos los lugares donde pueda escamparme. Pero la batalla de esclarecimiento la da cada quien, soportado en su gente o no, con igual vigor y perseverancia; ella bien o mal la dio, y no sé más allá de la compañía, qué valor pueda darle a ésta, cuando no es su nación la que se disputa – no desde lo inmediato-.

La extraño y me extraño con ella, pero llevo la tranquilidad de no haberle hecho mi bastón. Mientras me sepa caminante, caminaré; y mientras encuentre la forma de mantenerme en pie para responder por mí, tendré la satisfacción de no haber hecho de la mía una responsabilidad de quienes me acompañan en el camino… una cuestión de honor y no de orgullo, en la que habré ganado mi espacio en su tierra. Soy consiente también, en términos de probabilidad, de que como se cruza se perece al intentarlo, y es por ese temor humano -aquel que borra mis huellas de regreso- que escribo esta nota en la que le hago saber que la quiero y que no me siento cómplice del tiempo, porque paradójicamente, en virtud de ella, también está en mi contra.

¡Me voy, linda, me voy!

20 de julio de 2008

Hoy me voy saltando de alegría, agradecido con la vida, porque celebro tu presencia. Hoy me voy con la sonrisa partida, feliz, porque soy consiente que dejé en la tuya las muecas que me hacían falta.

Y me voy soñador, después de que me enseñaste cielos alternativos al techo pálido y gris de la ciudad. Me voy para volar con un par de alas prestadas, que después de todo, logré hacer mías sin tener que robarlas.

Me voy por el clima, aprovechando estos días de lluvia, para encontrar en tus ojos la luz que me hace falta, y así no te encuentre con la disposición de compartírmela, juntos aprendimos que nadie está en capacidad de arrebatar lo que sentimos. Con la bandera en alta asta y con la garganta encorvada, me voy en el suspiro que arroja estas cálidas, tiernas y sinceras lágrimas, hechas palabras.

Me voy, porque hace mucho sabía que debía hacerlo, pero en mi vulnerabilidad y el temor de perecer en el intento, me sentía incapaz. Hoy, con tal miedo recorriéndome las venas, me voy igual de vulnerable e incapaz, pero también tranquilo y obnubilado por la dicha de saberte en mi.

Y me voy con la fe menos rota, con el vívido espíritu que emanó de nuestro colorido encuentro. Me voy cantando un ‘aleluya’ y con la más fiel intención de que las estrellas se asienten como luz en tu camino.

Hoy me voy porque me gusta caminar y lo había olvidado; porque me gusta el azar y lo había perdido; porque me gusta la noche y la había apagado.

Me voy… porque descubrí que soy en realidad el que siempre se va, y el que cede a ese efímero personaje que enmascara mi ser estable. Me voy para respetar tu imagen y para impedir que se manche de desgaste.

Me voy para ser más tuyo, y para hacerte mía a través del pensamiento. Me voy… porque sé que volveré, así no me esperes, para susurrarte al oído este tibio aliento que espira el corazón.

Me voy, porque es nuestra esencia como género humano: siempre nos vamos… y me voy, porque solo así se descubre el camino a casa: porque todo viaje contiene su retorno, y porque todo retorno connota un crecimiento. Y mientras me despido, aunque no comprenda y quiera, por todo lo anterior solo puedo intentar conectarme con un sentimiento de tranquilidad y esperanza, cuando digo: ¡me voy, linda, me voy!

"Ojos Que No Ven..."

10 de abril de 2008

En vez de ser lo que venden los libros y aquellas subidas teorías, la razón parece estar más lejos de lo humanamente alcanzable. El conocimiento no es ya, la luz que se presenta ante nuestros ojos como instrumento esclarecedor. Entorpece. Cega. Atiborra y genera dolor, como cuando se reta al sol en su cenit, con la mirada. Quienes no participamos del riguroso ejercicio científico, somos hoy, fantasmas atrapados en el legado del pensamiento clásico, víctimas que deja el enfrentamiento entre el conocimiento y la incertidumbre… sabemos de todo, a medias. Conocer/Ignorar. Que bello dilema humano es este, latente, subversivo, expectante.

Ante el agotamiento de ‘lo desconocido’, en la insaciable acción de búsqueda de la especie, no queda más que inventar realidades alternas, mundos virtuales, sociedades binariamente felices. El ‘Soñar’ carece de pureza, porque sufrió la inyección letal de la razón. No somos ya, un acto de fe. Que no se espere ni se esperance en vano: El mundo que nos tocó, es uno que ya no es, porque sus calles son de información, sus mascotas son de vividos colores caricaturientos que nadan en azulosas aguas programadas; sus parientes son pixel y bites desparramados; sus mujeres son las que no conocen, las que pertenecen a otra cultura, entre más lejana mejor. Y los pobres viejos, sobreviviendo en este ajeno mundo… se quedaron en la transición, en la nostalgia que une ambas épocas. El conocimiento, en virtud, les cegó por siempre, y les relega a un olvido prematuro, porque en este mundo de tan saludables ojos, tan abiertos, todos sienten dolor; todos prueban, todos viven, todos esclarecen. Somos innatos conocedores programados, buenos descendientes de la máquina. Los hijos de la posguerra. Los interconectados.

No me tocaron, por fortuna, los viejos tiempos. Me rodean la electricidad, las ondas sonoras, visuales y de alta definición, el descubrimiento de la cura de las enfermedades que a los antecesores no les tocaron (y las que si), la velocidad de la información, la revolución sexual, industrial, digital; la globalización, la pauperización, el consumismo, Sam ‘el cacique’; el despreciable, pero efectivo condón; la televisión, la multimedia y la democracia dirigida. No me quejo en absoluto de este mundo que nos es. Soy, en definitiva, binariamente feliz. Conozco, por defecto. Ignoro, por placer. Sueño, naturalmente. Olvido y borro, por necesidad. Que ocaso tan bello, el que augura mi fondo de pantalla. Queda, tan solo, la inmensa e inconsciente satisfacción de encontrar más y más universos por explorar (ante el agotamiento superficial de los océanos); resta, encontrar los piratas cósmicos y los nuevos agentes del terror; pedirle a las grandes plataformas comerciales, que oferten una pizca de felicidad y esperanza –más allá del ocio, el entretenimiento y los infinitos productos que cubren ‘necesidades no básicas inventadas’– que vendan caricias que llenen este hondo hueco que deja la frialdad del pensamiento; que regalen, a la salida, uno que otro sueño que trascienda la perfección del cuerpo y el entorno, que regalen magia y el encantamiento sincero. Sea el arte, la verdadera luz que el conocimiento promete ser. ♪♫ ♪

Duotono | Ser o No-Ser

3 de abril de 2008

Aquí estoy, pero no le digo a nadie, salvo a la recurrente página en blanco del editor de texto. A mi conciencia espía. A mí, que desde otro lado, en otro cuerpo y otra mente, leo lo que no había escrito… Eso pasa cuando sientes no tener nombre, etnia ni cultura; cuando te conectas con una especie de esencia/falacia que comparte la especie. Hoy me siento humano, y a través de ello, soy todo aquel: El que sufre, el que llora, el desesperado; el que ama, el que espera (el que esperanza), el que sueña; el caído, el impotente, el que calla; el que revela, devela, el que añora. Hoy soy la sombra y soy el faro. Soy el que no ve pero cree en la luz. El caminante que borró su rastro. Soy el asesino de ideas, y soy semilla de fe. Soy el inconcluso que habita un mundo no muy mío, sobre-llevable con mentiras. El que despierta con chocolate. El que camina a pie limpio y que se arropa con las noticias-del-ayer. Soy el villano y el servicial. El loco que se sabe cuerdo. El optimista que las sombras vencieron. El esclavo, y el dueño. El vacío y el que reboza.

Cuánto he querido entender, que el mundo no es blanco ni es negro. Que el bien y el mal no existen en si mismos. Que la sombra, por ser sombra, no deja de ser luz. Cuánto he querido apartar las discriminaciones pre-aprehendidas, las normatividades vigentes que perecieron en el papel, sin que nadie lo notara. Cuánto he querido no querer los absolutos y el tomar-partido. Cuanto he querido querer, querer de verdad, más allá de los preceptos. Cuánto he, y cuánto no he. Soy humano, soy especie. Soy inacabado y soy fragmento. Soy lo que soy. Agua derramada. Fuego que el viento ahoga. Soy la tierra seca y los tiempos. Soy el que no es, pero que es al fin y al cabo. Soy. Por virtud del azar, soy. Por encima del querer, soy. Ser, no es lo que siempre se quiere, pero no se puede dejar de ser. Porque se es hecho andante y eterno acontecimiento. Se es flujo y se es río. Se es la vida, la muerte, el silencio y el frío, las religiones, el amor, el temor; el malo, el bueno, el caído, el que lucha sin saber por qué.

Aparentemente seremos, siempre seremos. Y entre tanto jugaré a vivir en otra piel, en otro rincón de la vecindad, aquí o en las Figji. Mientras todo ocurre, en el escenario al que fuimos arrojados, seré el que está ahí, pero no le dice a nadie…